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La trata con fines de prostitución forzada es una forma de violencia machista, como lo son otras formas de trata – matrimonios forzados o el servilismo en el trabajo doméstico- que constituyen según la Directiva europea 2011/36/UE, formas de trata con “sesgo de género”. 

La trata con fines de prostitución forzada afecta a las mujeres de manera desproporcionada, por lo tanto, es una violencia de género, como queda establecido en el Convenio de Estambul. Si bien no es únicamente la cuestión cuantitativa la que determina nuestra apuesta por definirla como violencia machista. 

Definimos ciertos tipos de trata como formas de violencia machista, en consonancia con la ley 5/2008 de la Generalitat de Catalunya, porque sus dinámicas se basan en la coacción de libertades, y en el control de las decisiones de las mujeres, sustentadas en la desigualdad material y simbólica del patriarcado. 

La violencia de la trata con fines de prostitución forzada tiene diferentes modos de expresarse en una cadena de violencias: violencia física, violencia psicológica, violencia sexual, violencia económica, etc. vulnerando, de manera constante y sistemática, muchos de los derechos fundamentales de las mujeres. 

Es, por lo tanto, una forma de violencia machista ya que pretende limitar, y eliminar, la autonomía de las mujeres de manera directa e intencionada y constituye una violación de los Derechos Humanos de las mujeres.