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Diferenciamos conceptos: la trata, el tráfico y la prostitución no son lo mismo. 

¿Qué es la trata? La trata es un delito contra los Derechos Humanos, implica la captación, el traslado, sin necesidad de traspasar fronteras, y la explotación de personas mediante coacción. Por eso, hablamos de “prostitución forzada” para referirnos a lo que legalmente se conoce como “trata con fines de explotación sexual”, creemos que así se entiende con claridad la situación de violencia. El concepto de “explotación sexual” no tiene definición jurídica, es ambiguo y no reconoce el trabajo forzado de las mujeres. 

El tráfico de personas es el cruce irregular de las fronteras de un Estado. El tráfico siempre está condicionado por el cierre de las fronteras por parte de los Estados, lo que produce condiciones de inseguridad y riesgo en las migraciones. 

La trata no es un problema de fronteras ni afecta únicamente a ciudadanas extranjeras. Sin embargo, cuando ambas situaciones – de trata y tráfico- se dan simultáneamente, o cuando las mujeres en situación de trata son también ciudadanas extranjeras, se producen situaciones de mayor vulneración de derechos, dado un contexto político-social racista y xenófobo. 

Diferenciar con claridad la trata del tráfico implica no permitir políticas de persecución de las migraciones bajo el pretexto de “luchar contra la trata”. Distinguir la trata del tráfico, situaciones bien diferenciadas incluso en el Código Penal (1), significa no permitir criminalizar las migraciones, ni mantener estereotipos racistas o xenófobos y reclamar políticas públicas contra la trata que pongan el punto de atención en los Derechos Humanos de las mujeres y no en la defensa de las fronteras de los Estados. 

A su vez, evitar la confusión entre la trata y la actividad de prostitución implica ser más certeras y señalar con mayor eficacia las intervenciones necesarias para proteger los derechos de las mujeres. 

Es necesario diferenciar entre la prostitución y la trata. Ejercer prostitución no implica un delito per se, confundir esta actividad con la trata de seres humanos implica permitir políticas de criminalización de las mujeres, empeorando sus vidas, empobreciéndolas y denigrándolas. Pero, además, significa obstaculizar las intervenciones realmente centradas en la lucha contra la trata. 

 

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(1) El Código Penal recoge estas dos situaciones en capítulos diferentes. El Artículo 177bis se refiere a la Trata de Seres Humanos y el Artículo 318bis al Tráfico de Personas. Además, el artículo 188.1 del CP se refiere al artículo de proxenetismo, entendido como el lucro de la prostitución ajena cuando la víctima se encuentra en situación de vulnerabilidad o que se impongan condiciones gravosas, desproporcionadas o abusivas. La práctica jurisprudencial ha hecho que, en su aplicación, este artículo sólo se considere cuando exista coacción de la prostitución (prostitución forzada) y por lo tanto haya quedado en desuso a favor del 177bis.