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Estamos en una sociedad mediatizada donde el papel de la comunicación es fundamental. Lo es, tanto para compartir y contrastar información, como para mantener y reproducir estereotipos vulnerando nuevamente los derechos de las mujeres. 

En este contexto, los medios de comunicación ejercen un poder importante desde el cual pueden cambiar la mirada y romper el estigma social o bien pueden mantener, reproducir y normalizar las situaciones de violencia machista. 

Por ello, es necesario un tratamiento informativo cuidadoso y riguroso, adecuado para situaciones de violencia machista, que no reproduzca estereotipos de género, que no confunda trata con otras situaciones, que no simplifique contextos complejos y que priorice la información contrastada. 

Es demasiado habitual un tratamiento informativo que busca titulares alarmistas y sensacionalistas, que habla de las mujeres que ejercen prostitución como objetos o con apelativos denigrantes, que no tiene en cuenta sus derechos de imagen y su derecho a la intimidad. Este tratamiento informativo habitualmente confunde trata con tráfico, mezcla clientes con proxenetas y tratantes y asimila prostitución a explotación sexual. Desgraciadamente, es demasiado frecuente encontrar una comunicación que reproduce la violencia y la criminalización hacia las mujeres, más basada en la urgencia y en la búsqueda de testimonios desgarradores en lugar de profundizar en la sensibilización social y en la investigación crítica. 

Entendemos que muchas veces la calidad de las noticias tiene relación con las condiciones precarias de ejercicio de la profesión de periodista, que está supeditada a escasos tiempos de preparación, investigación o contraste en el marco de decisiones empresariales. Si bien es cierto, estas razones no excluyen las responsabilidades de los medios en la reproducción de estereotipos o la normalización de los roles de género desde el estigma social de la prostitución. 

Sin lugar a dudas, tanta confusión también cuestiona el papel de los gabinetes de prensa de algunas instituciones, partidos políticos y entidades que colaboran en hacer públicos informes, propuestas y expresiones desafortunadas, con poco o ningún conocimiento de las realidades de la trata, y muchas veces bajo paradigmas morales sobre la prostitución. 

La rigurosidad, la capacidad crítica, el uso adecuado de datos, una buena selección de fuentes, el respeto a la intimidad de las mujeres, la selección de las imágenes empleadas en las noticias y la perspectiva informativa sobre la trata – como sobre cualquier otra violencia machista- son compromisos que deben construirse desde la responsabilidad y la confianza mutua.